miércoles, 30 de abril de 2008

Visión, misión, valores y compromiso con la organización

En las organizaciones de hoy se hace imperativo un nuevo sistema de aprendizaje para dirigir y potenciar el desarrollo de competencias de las personas, de modo tal que, la inteligencia corporativa depende en gran medida de las políticas de gestión humana que se ejercen en cada organización.

La eficiencia es el fundamento indispensable con que todo individuo en la organización desarrolla su potencial humano para destacarse a través del trabajo equipo coordinado, como respuesta a las necesidades de sus clientes y entorno.

La gestión estratégica, pretende integrar a las personas en el sistema organizacional para vincularse directamente a la estrategia empresarial, su visión, misión y valores, con el objetivo de movilizar creativamente, las capacidades y talento de los individuos y equipos, hacia el logro de objetivos de desarrollo corporativo y social.

Los nuevos aprendizajes requieren para el desarrollo de organizaciones más eficientes, de la construcción de nuevas visiones, en las que se impone la dinámica del cambio, hacia dimensiones más participativas, conscientes y potenciadoras de la imagen positiva de su destino.
De esta manera la persona que cambie su autoimagen transformará también su personalidad y conducta, a través de la práctica del dominio personal, que implica un proceso de mejoramiento humano constante y el afianzamiento de una personalidad exitosa, responsable de sus acciones morales y con una orientación ética que le permite ser proactivo y no reactivo, ante las distintas situaciones, de manera consecuente con los valores y principios de respeto por la convivencia y los derechos de los demás y propios.

En la dinámica organizacional la responsabilidad social compartida de los miembros, se encuentra directamente vinculada con los indicadores de impacto frente al cliente. Las características positivas del talento humano, definen el perfil de servicio de una empresa, esto es su imagen, su posición de liderazgo y su capacidad para competir frente a un entorno siempre cambiante.

Vemos así que, somos el resultado de nuestros sentimientos.... Por lo tanto, los valores se expresan en la imagen que proyectamos siendo el resultado de la calidad de nuestros sentimientos. Niveles bajos de comunicación entre los equipos que laboran en una organización, generan climas laborales desmotivantes y conflictivos, igualmente, el mal manejo de las informaciones repercute en el deterioro de la productividad y calidad de los procesos.

Nuestra capacidad para comunicarnos eficientemente facilitará los procesos de motivación y productividad de la empresa, fortaleciendo nuestro compromiso y sentido de pertenencia con la institución.

Resulta fundamental, en este momento de cambios organizacionales, sociales, tecnológicos, políticos y económicos acelerados, establecer un código de ética que guíe nuestra cultura corporativa de servicio, la cual indudablemente depende de la comprensión y capacidad de las personas y organizaciones para la construcción de nuevos valores y procesos de aprendizaje.
Se entiende por Visión, la idealización del futuro de la empresa. Cuando hay claridad conceptual acerca de lo que se quiere construir a futuro, se puede enfocar la capacidad de dirección y ejecución hacia su logro de manera constante.
Los aspectos estratégicos para alcanzar la visión se deben concentrar en tres líneas fundamentales de acción: capacitación, reingeniería de procesos y certificación de calidad.

Cuando hay Visión Compartida en una empresa, existe un fuerte sentimiento de identificación y compromiso en el corazón de la gente, de manera que el camino hacia el futuro lo realizan todos, aportando y desarrollando potencial. Es un camino que se origina en el interior de las personas, a través de la construcción de una Visión Personal, según la cual, no basta con aumentar las aptitudes de las personas, sino que también es necesario mejorarlas, lo cual implica capacidad y voluntad para comprender y trabajar con las fuerzas que nos rodean, con espontaneidad y alegría.

La práctica del Dominio Personal, según Peter Senge (1990) supone aprender a mantener una visión personal clara de la realidad que nos circunda. El convencimiento y compromiso con una visión de futuro puede lograr acciones claras, pacientes y persistentes, en los procesos de cambio personal para alcanzar los resultados esperados.

En una organización no es suficiente que el director general tenga una buena idea del futuro y la determinación de verlo realizado, sino que es necesario que, la manifestación de esa idea en acción sea un objetivo de todos.

Habrá que pensar en algún modelo que sea capaz de expresarlo y otorgarle significado.
El enunciado que sintetiza los principales propósitos estratégicos, así como los valores esenciales que deberían ser conocidos, comprendidos y compartidos por todos los individuos que conforman una organización, es lo que se denomina Misión.

El objetivo de la Misión es orientar y optimizar la capacidad de respuesta de la organización ante las oportunidades del entorno, por lo que se la define considerando cuatro aspectos: estrategia, propósito, valores, políticas y normas.

Los propósitos y valores de la organización tienen como finalidad generar un compromiso compartido dentro de la cultura organizacional. Por otra parte, las políticas y normas sirven para definir los conceptos de productividad, eficiencia, calidad y rentabilidad, entre otros, los cuales configuran, conjuntamente con el liderazgo y posicionamiento, los factores clave del éxito que determina el cumplimiento de la imagen objetivo.

Se entiende por Imagen Objetivo la determinación de estados positivos y deseados que la organización en sus planes, aspira alcanzar a partir de una situación negativa o problemática específica. En tal sentido, tiene que ser compatible con el escenario más probable, o aspirar a lo más deseable, al mismo tiempo ser congruente con la Visión y Misión del ente que planifica.

La gestión de la imagen y la reputación de una organización se realiza a través de la comunicación estratégica. El nuevo paradigma de la comunicación implica asumir diferentes formas, a las tradicionales de la administración, para comunicarse con los actores internos y externos.
La comunicación se constituye asì en el eje estratégico de las organizaciones, ya que no existe transacción sin comunicación. Gerenciar la reputación de una organización implica tanto la coordinación del capital físico como del capital social y emocional, para lo cual todos los miembros de la organización son responsables a través del manejo eficiente de sus comunicaciones internas y externas, formales e informales. Las estrategias de comunicación están directamente ligadas al plan de negocio de la organización.

Toda organización debe llevar a cabo una política proactiva de comunicación, porque es a partir de eso que se construye el prestigio o reputación de una marca, empresa, producto, servicio, negocio o persona.

La buena o mala imagen que el público o cliente tenga de una organización depende en gran medida a la correcta difusión que se haga de ella a través de los medios de comunicación y de la imagen que sus clientes internos y externos transmitan. Un comentario positivo de un medio de comunicación, o de un cliente satisfecho, goza de más credibilidad que un aviso publicitario.

La imagen corporativa es la totalidad de ideas o situaciones sobre la reputación de una empresa. Constituye un fenómeno de opinión pública, producto de la apreciación que la gente tiene acerca de una organización y de la información que fue acumulando a través del tiempo. Es por tanto, el resultado de todas aquellas experiencias, impresiones, creencias y sentimientos que poseen las personas sobre una empresa u organización.

En un mercado tan competitivo y cambiante, la imagen corporativa es un elemento definitivo de diferenciación y posicionamiento. Así como las empresas deben adecuarse a los cambios con una velocidad y profundidad, jamás vista, de igual manera deberá adecuar su imagen, para transmitir dichos cambios.

Sin embargo, no habrá que confundir imagen corporativa con identidad corporativa ya que, ésta última está conformada por aquellos rasgos invariantes de la cultura organizacional que a través de su historia, filosofía, propósitos y resultados se han vuelto significativos para su gente. Surge así del diagnóstico de los atributos esenciales de la organización, de sus valores y supuestos entre "lo que es" y "lo que se propone ser".
Una eficiente gestión de la identidad de una organización supone el establecimiento de normas de conducta y actuación para todos y cada uno de sus miembros. Se expresa también a través de una ética común, un estilo de comunicación con sus clientes, así como también de un mismo sentimiento sobre la historia y tradiciones de la empresa, que se traduce en un compromiso y una visión compartida en torno a la calidad del producto/servicio y lo que cada quien aporta en su sentido de totalidad.
Si esto se asimila de manera consciente, podemos hablar de cultura organizacional como un conjunto de valores intrínsecos que ayudan a las personas a identificar cuales acciones son aceptables y cuáles otras no.

El proceso de formulación de una estrategia implica, por una parte la exploración ambiental, identificando las situaciones y tendencias complejas que se deben afrontar, la exploración organizacional, en tanto que estado presente de la empresa y, la exploración de las oportunidades, investigación y eximen creativo de las posibilidades que hay que considerar al ubicar el éxito de una organización dentro de un contexto específico. De acuerdo a estas premisas , la construcción del modelo estratégico del éxito, pasa a ser la base para el desarrollo de la organización.

Se consideran oportunidades, las situaciones o circunstancias del mercado, entorno sectorial, macroeconómico u otro, que puedan favorecer de manera significativa el desarrollo de la organización. Son amenazas aquellas situaciones que afectan negativamente el desarrollo de la organización.

Cómo aprenden o no aprenden las organizaciones (Karl Albrecht, 1996) :

Una organización que no puede resolver problemas, solucionar desajustes y afrontar amenazas, no puede explorar sus .... OPORTUNIDADES

Los desajustes no resueltos impiden que la organizaciones afronten las .... AMENAZAS
Los problemas no resueltos significan que los
líderes deben abordar ... DESAJUSTES
Entonces ellos y sus equipos deben resolver... PROBLEMAS
... si los trabajadores no pueden realizar sus ... TAREAS

"El pensamiento sistémico es una disciplina para ver totalidades. Es un marco para ver interrelaciones en vez de cosas, para ver patrones de cambio en vez de "instantáneas" estáticas" ( Peter Senge, 1990 ).

El cambio de enfoque al que nos invita el pensamiento sistémico, implica salir del supuesto según el cual las personas son seres que se limitan a reaccionar con impotencia para asumirlas como partícipes activos en la modelación de la realidad. "En vez de reaccionar ante el presente se crea el futuro". En las organizaciones, el pronóstico, la planificación a secas y los métodos analíticos convencionales, no están equipados suficientemente para afrontar la complejidad dinámica, de modo tal que, para comprender las situaciones empresariales será necesario observar la complejidad dinámica y no la complejidad en los detalles.

La práctica del pensamiento sistémico comienza con la comprensión de un concepto simple denominado feed-back o retroalimentación, que muestra cómo los actos pueden reforzarse o contrarrestarse ( equilibrarse ) entre si. Se trata de reconocer tipos de estructuras recurrentes. Patrones de conducta. Sistemas de creencias. Supuestos que actúan en nuestras motivaciones.

BIBLIOGRAFÍA:

Albrecht, Karl ( 1996): La Misión de la empresa. Paidós Empresa.
Brown, Marvin ( 1992): La ètica en la empresa. Estrategias para la toma de decisiones. Edit. Paidos.
Senge, Peter ( 1990): La quinta disciplina. El arte y la práctica de la organización abierta al aprendizaje. Edic. Granica.
( 1994) La Quinta Disciplina en la práctica. Edic. Granica. Siliceo, Alfonso y González, José Luis: Pasión por el futuro. Nueva plantación estratégica fundada en valores. Edt. McGraw Hill.

por María Asunción Anca García - Licenciada en Artes. Mención Cinematografía. Especialista en Dinámica de Grupos.
Magíster en Ciencias de la Educación, Mención Investigación-Docencia. Profesora universitaria en Universidad Alejandro de Humboldt (Venezuela) Carrera de Publicidad. y Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez Venezuela) Especialización: Gerencia Cultural Maestría: Ciencias de la Administración. Consultora en Desarrollo Organizacional.
(Fuente: www.losrecursoshumanos.com)

Publicado por: Manuel Macchi - Alumno RR.HH.- IESERH - 1º Año - Com: B

lunes, 28 de abril de 2008

Negociando en el humo: ¿un preview del Apocalipsis?

Buenos Aires vivió una semana inusual en medio del humo. Más allá de la coyuntura de los pastizales, quizá se trate de un "preview" sobre lo que podría ser el mundo del futuro. Veamos algunos conceptos de negociación para comprender (¿y evitar?) el Apocalipsis...


Por Francisco Ingouville *

Ante los fuertes estímulos que hemos sufrido a lo largo de una inusual semana afectados por el humo, surgen dos tipos de emociones e ideas:

Por un lado, buscamos responsables y culpables de este episodio particular y las acciones que debieran haberse tomado para evitarlo.

Por el otro, se impone una reflexión acerca de la fragilidad del medio ambiente y de la creciente incidencia del hombre.

El humo de la quema de los pastizales será pasajero. Sin embargo, experimentar varios días de aire contaminado nos brinda un adelanto de la forma en que el planeta podría hacernos pagar la consecuencia de nuestros actos.

La pregunta es: ¿cómo le ponemos un arnés a estas emociones para que den el mejor fruto posible?

El profesor de Harvard, Robert Putnam, autor del famoso libro "Bowling alone", sostiene que hay algo llamado "capital social", la forma en que se relacionan los actores de la sociedad, las instituciones que crean y la manera en que son capaces de responder organizadamente a los problemas que los afectan

Muchos confían en que la ciencia y la tecnología encontrarán soluciones para el medio ambiente y evitarán el Apocalipsis. En parte, estas personas tienen razón.

Las soluciones tecnológicas existen. Pero el caso del humo nos demuestra que la solución no pasa exclusivamente por el costado técnico. En este caso, bastaba con no quemar los pastizales.

Lo difícil es ponerse de acuerdo. Y justamente allí reside el problema de capital social.

Los conflictos de Botnia y del campo argentino demuestran que un pequeño problema con un costo limitado puede transformarse en un gran problema de costos inconmensurables.

Todo proceso que implique repartir los costos o las ganancias genera tironeo. En el caso ambiental, el problema radica en cómo nos repartimos el costo de cuidar el planeta.

Pero hay otro factor que complica las negociaciones. Cuando un conflicto es público, su solución se vuelve más compleja.

Robert Mnookin, profesor de negociación de Harvard Law School, habla de una tensión entre el representante y el representado.

Cuanto más gente involucra un conflicto, más compleja se hace esa relación y más posibilidades hay de que cada uno esté luchando por sus propios intereses sin atender a los de los demás.

La buena noticia es que existen métodos para que esos procesos sean productivos: el método de la negociación ganador-ganador y las habilidades para manejar relaciones interpersonales.

En definitiva, mientras soportamos el humo, podemos tomar conciencia de que estamos inmersos en un destino común y que, para solucionarlo, debemos aprender a negociar.

Pero quienes operamos en el sector privado hemos tenido siempre una actitud autista.

Centrados en la rentabilidad, delegamos en gobiernos y ONGs las responsabilidades ambientales. Es tiempo de cuestionar esa idea. El sector privado es el mayor factor en la creación de valor pero también de impacto sobre el medio ambiente. Ya no podemos ser el niño irresponsable que solo piensa en sí mismo.

¿Qué más tendrá que ocurrir para que cambiemos esta actitud?


* Francisco Ingouville

Profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto de ESADE Business School
Mason Fellow Harvard University, Socio Fundador de Ingouville & Nelson, Consultoría y capacitación (www.ingouvillenelson.com.ar)
Autor del libro Relaciones Creativas
Publicado por: Luciana Gregoret - Alumna RR.HH.- IESERH - 3º SEMI - Com: A

¿Cuáles son los verdaderos problemas de comunicación interna que sufren nuestras empresas?

Por: Alejandro Formanchuk
Participé en un seminario sobre comunicación corporativa. El primer orador era un estadounidense, quien pronunció un muy buen discurso sobre los problemas y desafíos de gestionar la comunicación interna en un mundo globalizado. Todo lo que dijo tenía sentido… para él, su cultura y su país:

• Las empresas no conectan emocionalmente con su personal.
• Nuestras herramientas no son atractivas, no captan la atención.
• Nuestros mensajes internos no pueden competir con el bombardeo de mensajes externos.
• Debemos aprender a ser más “publicistas” y contrarrestar el “efecto paisaje” que provocan nuestras comunicaciones internas.
• No logramos que la comunicación interna sea excitante.
• Nuestro CEO no es carismático y nuestra empresa no es “sexy”.
• Las herramientas de comunicación que utilizamos se quedaron en el tiempo.
• No le estamos sacando el jugo a las nuevas tecnologías, por ejemplo no aprovechamos el teléfono móvil de cada empelado como un soporte de comunicación interna, etc.


Mientras escuchaba a mi colega, pensaba: lo que está enumerando, ¿son problemas de comunicación? Y de ser así… ¿son “nuestros” problemas”? No. O al menos no todavía…

Yo hablé inmediatamente después y, para asombro de todos, borré 49 de las 50 filminas que tenía preparadas y conservé una sola que llevaba por título: “Comunicación interna: problemas argentinos, soluciones argentinas”. Acto seguido desafié a la platea a pensar cuáles eran las verdaderas complicaciones que tenemos los “latinos” (ya que los asistentes provenían de distintos países de esta parte del mundo) a la hora de desarrollar planes y acciones de comunicación interna.

Las respuestas de los participantes fueron muy parecidas (¡unidad latinoamericana!) y, salvo por pequeños matices, la mayoría reconoció padecer las mismas dificultades en sus empresas… ¡las cuales nada tenían que ver con las que sufría nuestro par de EEUU!

Tiempo después incorporé estas conclusiones a mis seminarios y en cada lugar al que me invitaron a dar charlas las puse a prueba y obtuve respuestas similares: la gente se sentía “hermanada en los padecimientos”. ¡Más unidad latinoamericana!

A continuación presento el listado de los principales problemas de comunicación interna que detecté en gran parte de las empresas a las cuales asesoré en los últimos años. Este listado está enriquecido además con los aportes de muchísimos profesionales del área, quienes me confiaron sus ideas, puntos de vista y opiniones. Como toda lista, es incompleta y perfectible. Así que estás invitado a que la enriquezcas.


Problemas por falta de credibilidad

• La empresa y los jefes no son confiables.
• El personal no cree en lo que le dice la empresa.
• Se duda de la honestidad, de la ética y de la forma de hacer negocios de la empresa.
• No se cumple lo que se promete.



Problemas por falta de coherencia

• Los jefes no dicen lo que piensan y no hacen lo que dicen.
• Abunda el doble discurso e incluso se lo utiliza con “arma”.
• Hay distintas versiones sobre los hechos y nadie se ocupa de aclarar nada.
• No se predica con el ejemplo. Las declamaciones son “cáscaras vacías”.
• La empresa no es coherente entre lo que dice puertas afuera y puertas adentro.


Problemas por una cultura basada en el secretismo y la desconfianza

• La empresa se guarda información, no comunica todo lo que debiera.
• El personal siente que la empresa le esconde información porque no confía en ellos.
• La dirección cree que cuanto menos sepa el empleado sobre la marcha de los negocios, mucho mejor (salvo cuando a la empresa le va mal y ahí sí se muestran los “números” y se pide que “todos se ajusten el cinturón”).
• La información no llega en tiempo y forma.

Problemas por un liderazgo negativo

• La empresa y sus líderes no comunican, informan.
• El líder cree que hablar es comunicarse.
• También cree que comunicarse con su equipo es una obligación y no una responsabilidad inherente a su tarea.
• El líder no conoce a su receptor ni le interesa hacerlo.
• Cree que lo importante es lo que uno dice y no lo que el otro entiende.
• No tiene voluntad de dialogo.


Problema por un mal manejo del poder

• Todos creen que cualquier tipo de información es poder… y que el modo de acumular poder es reservando información, callándose la boca.
• Los mandos medios filtran la información (cuando circula hacia abajo o hacia arriba).
• Se quiere utilizar a la comunicación interna como herramienta de manipulación o de “maquillaje”.
• Se subestima a la gente, se la pretende engañar, se le quiere vender lo que no es.


Problemas por falta de confianza en la comunicación

• La empresa no cree que la comunicación interna sea una herramienta de gestión estratégica y la ve más como un símbolo de modernidad o una acción de marketing dirigida al público interno.
• La comunicación interna es un costo, no crea valor.
• El área de CI está en una zona periférica de la empresa, sin peso político, sin recursos.
• Los líderes ven a la comunicación como un fin en si mismo (hacer la revista interna) y no como un medio para alcanzar otros fines (motivar al personal, por ejemplo).
• Se confunde la comunicación con las herramientas de comunicación.
• Se cree que la comunicación interna es “propiedad y responsabilidad” del departamento de CI y no de toda la empresa.


Problemas por una mala estructura organizacional

• La estructura es verticalista y autoritaria.
• Es burocrática: impide la comunicación rápida y eficaz.
• La estructura deforma la comunicación en cada relevo.
• También impide que los vínculos sean fluidos.
• No es permeable a la información.


Problemas por subestimar al personal

• La empresa considera que el empleado tiene que hacer lo que uno le pide y nada más.
• Cree que su opinión no es valiosa y que cada uno debe ocuparse de lo suyo.
• Por ende, nadie escucha al personal, sus dudas, problemas, ideas.
• Tampoco se incentiva la participación, motivación o integración.


Basta de problemas, pensemos soluciones

Cuando analizo estos problemas profundos de comunicación, automáticamente pienso en la catarata de “sub-problemas” que provocan. Pero también, en dos acciones para intentar solucionarlos de raíz. Veamos:

1) Cultura y Herramientas

En primer lugar, estoy convencido de que para hacer una gestión exitosa de comunicación interna (una gestión que verdaderamente produzca cambios, mejoras y crecimiento), tenemos que trabajar sobre la cultura de la empresa y olvidarnos por un largo rato de las herramientas, porque como se puede apreciar, todos los problemas que detallamos párrafos atrás no se solucionan editando una revista (por más linda, bien escrita o diseñada que esté), ni armando una Intranet o propiciando cinco reuniones semanales. Al contrario, si no atacamos los problemas de base (falta de confianza, de coherencia, etc.), todo mensaje que montemos sobre la estructura va a hacer que el techo se caiga más rápido… (Es igual que con la comunicación externa. Si uno vende un producto malísimo y pese a eso le hace mucha publicidad, lo que va a lograr en definitiva es que fracase más rápido).

Por eso insisto en separar “herramienta de comunicación” y “comunicación en si misma”. Para muchas empresas, editar una revista interna, tener reuniones semanales o colgar un buzón de sugerencias supone convertirse en una empresa que hace “comunicación interna”. Y si tienen más de una revista, más de una reunión y más de un buzón, le dirán que hace “mucha comunicación interna”. Y si la revista tiene 28 páginas a todo color, las reuniones son un salón con vista al mar y el buzón es muy lindo, le dirán que hacen “buena comunicación interna”.

Ojala fuera tan fácil. Hacer mucha y buena comunicación interna no es hacer muchas y buenas herramientas. Y si bien está claro que para gestionar la comunicación interna necesitamos medios de comunicación, su eficacia siempre va a estar supeditada a la plataforma cultural sobre la cual edifiquemos nuestros mensajes. En un artículo que escribí hace unos años, decía: “Si una empresa arrastra vicios como difundir mensajes contradictorios, brindar poca información, abusar del doble discurso o no ser coherente entre lo que dice y lo que hace, de poco le va a servir que esos mismos mensajes salgan editados en una bonita Intranet”.

Por eso, mi propuesta es concebir y planificar la comunicación como un modo de organización, de trabajo, una cultura… una forma de entender al otro, de valorarlo, incluirlo, pensarlo… La comunicación no ayuda a la organización, la comunicación es la esencia de la actividad organizada y es creadora de clima, hábitat, calor…

Desde este enfoque, por ejemplo, una “mala comunicación por parte de un jefe”, no podría explicarse únicamente a partir de su estilo personal de liderazgo, sus actitudes o aptitudes, sino por la influencia que la cultura de la empresa ejerce sobre el comportamiento de las personas que la integran. El hombre no puede ser aislado del entorno en el que se desenvuelve y por eso el análisis de la comunicación no puede prescindir de un estudio de las variables culturales.

Intervenir en la cultura requiere más tiempo que editar una revista, es obvio. Pero brinda más beneficios a largo plazo porque ayuda a repensar las “costumbres comunicacionales” de la empresa, es decir, los caminos culturalmente aceptados o aprobados de conducta en situaciones específicas. Aquí es cuando nos preguntamos: ¿Qué hace la empresa cuando debe comunicar X tema, qué hacen los líderes cuando el personal requiere X información, etc, etc…

Finalmente, recordemos que:

• La cultura es el patrón de comportamiento de la organización, es un marco referencial y como tal moldea el resto de las actividades… entre ellas la forma en que nos comunicamos.

• Nosotros, desde el área de CI, podemos y debemos planificar una intervención para modificar la cultura si queremos mejorar la comunicación. Ambas cosas van de la mano, ligadas por un principium causalitatis.


2) Pensar por nosotros mismos

Cuando decidí borrar las 49 filminas de mi presentación y dedicar las dos horas de mi charla a analizar los problemas de comunicación en América Latina, lo hice con la voluntad de sacudir un poco las ideas y orientar el análisis a los temas de fondo. Ese día muchos creyeron que el orador norteamericano se iba a molestar conmigo por cambiar el plano de la discusión (ya que, a medida que avanzábamos, quedaba claro que lo que él había contado era interesante pero no nos era práctico). Por el contrario, el colega escuchó atentamente, intervino y al terminar el seminario agradeció públicamente por las enseñanzas que se llevó sobre la realidad en América Latina. Yo también aprendí y mucho. La gran lección que me llevé es que hay que desafiar las ideas “for export” y que, si queremos realmente mejorar la comunicación en nuestras empresas, tenemos que pensar cuáles son los problemas que sufrimos en nuestra sociedad. Y ser sinceros, aunque duela.

No sé si lo habrás notado, a lo mejor son sólo ideas mías, pero todos los días me encuentro con profesionales con mucho talento y conocimiento que devoran sin masticar teorías, manuales y conceptos de gurúes de todo tipo provenientes de Europa, Norteamérica, Asia… Y luego repiten, repiten y repiten palabras en inglés, eslóganes y casos de éxito que yo no entiendo, no conozco y no me sirven. Y ojo, no tengo nada en contra de los gurúes: los leo, los admiro, aprendo de ellos, asisto a sus conferencias, ¡incluso en mi biblioteca guardo con mucho aprecio un libro firmado y dedicado por el mismísimo Tom Peters!

En verdad, de lo que se trata es de ser críticos, de triturar mentalmente estas obras, destilarlas y tomar sólo aquellas cosas que sirven para nuestra cultura. Cuando Senge recomienda eso de “aprender a aprender, el aprendizaje basado en el reconocimiento de errores”, pienso en que en mi país nos cuesta mucho aceptar que nos equivocamos (más si somos hombres, padres o jefes). O cuando Welch pregona eso de “adorar el cambio y el riego”, respondo que como argentino estoy harto de tanto cambio y de tanto riesgo. O cuando el mismo Tom Peters alienta a los líderes a “premiar los fracasos excelentes y castigar los éxitos mediocres”, creo que se lo está proponiendo a marcianos, no a argentinos.

En definitiva, la clave está probar y filtrar cada suposición bajo el tamiz de nuestra cultura y, a la par de ejercer este espíritu crítico, debemos confiar en nuestra capacidad, en nuestras experiencias y producir conocimiento y teoría desde América Latina para nosotros y para el mundo. Tenemos que escribir más y tenemos que leernos más entre nosotros.

Por eso, estimado lector, espero que este texto te haya sido de utilidad y te pido que no aceptes al 100% todo lo que te digo aquí. Sometélo a prueba, fijáte qué sucede en tu empresa, en tu región, en tu país… aprovechá lo que te sirve y el resto tirálo al tacho de basura o enviálo sin temor a la “papelera de reciclaje”. Te agradezco por haberme acompañado hasta acá y… ¡Espero leerte pronto!

Fuente: areARRHH.COM -

Publicado por: Pamela Canzonieri - Alumna RR.HH. - IESERH - 1º Año - Com: B

viernes, 25 de abril de 2008

VISIÓN Y MISIÓN: UNA GRAN CONFUSIÓN QUE PUEDE SER SUPERADA

Ambos términos constantemente se confunden y la mayoría de autores los utilizan de forma sorprendentemente indistinta. Collins y Porras llegan a afirmar que las empresas visionarias son las que tienen misión.

La visión es la chispa fundacional y la photo finish de una formulación estratégica. Una buena visión es una gran meta que ha de tensar a la empresa hacia un futuro de éxito. Ha de ser una frase breve, recordable y de significado atractivo y entusiasmante para todos los miembros de la organización. En este sentido, no ha de contener conceptos técnicos. Ha de ser vivida como una locura responsable que genera orgullo de pertenencia.

Mientras que la misión es el conjunto de razones de ser o compromisos fundacionales de la empresa, la visión es un sueño competitivo a alcanzar, es un gran proyecto de posicionamiento estratégico. De ahí que existan dos clases de pobres: los que no tienen recursos para alcanzar sus sueños y los que no sueñan. Y los grandes sueños surgen de los grandes compromisos. La misión es más perdurable que la visión. De hecho, la misión es lo que confiere perdurabilidad a la empresa y a sus visiones a lo largo del tiempo.

Las visiones son grandes metas, ambiciones o aspiraciones de futuro a través de las cuales se va desarrollando en forma de grandes ciclos de vida la misión o razón de ser de la organización.

Algo tradicionalmente reservado a la cúpula de la organización como es el pensamiento estratégico y la creación de valores ha de ser cada vez más compartido y dialogado con el conjunto de miembros de la empresa si se desea que ésta sea verdaderamente competitiva.

Por ahí empieza el verdadero estímulo de la iniciativa y la conducta emprendedora por parte de los empleados tan brillantemente exhortada por todos los analistas de >.

Por supuesto, el verdadero reto radica no en aprender o incluso aceptar estos supuestos, sino en ponerlos en práctica.

Publicado por: Denise Longo - Alumna RR.HH. - IESERH - 1º Año - Comisión B

ESCUCHA ACTIVA

No es casualidad que la primera de las técnicas que se cita para la realización de entrevistas sea la de la escucha activa. Se trata, quizá, de la herramienta más importante y útil de que se dispone.
Para ser capaz de comprender y asimilar la información que el entrevistado va proporcionando es imprescindible adoptar una conducta de escucha activa. Al adjetivar la escucha como activa se pone de manifiesto su papel anticipatorio, capaz de modificar comportamientos para guiarlos por el camino correcto. Escuchar activamente supone prestar atención a todo lo que dice el entrevistado, animarle a ampliar su información asintiendo frecuentemente con la cabeza y realizando breves comentarios de refuerzo.

Por tanto, escuchar activa y eficazmente significa:

- demostrar en todo momento interés real por lo que el entrevistado esté manifestando.
- adoptar una actitud de comprensión, en la que tenga tanta importancia el comportamiento verbal como el no verbal.
- interrumpir lo menos posible al entrevistado, permitiéndole expresar al completo sus pensamientos.
- evitar la emisión por parte del entrevistador de opiniones personales comprometidos (tan sólo en el nivel de pequeños refuerzos).
- no realizar juicios de valor que signifiquen aprobación o desaprobación de lo que el entrevistado manifieste.
- no entrar en ninguna discusión ni criticarle abiertamente.
- no dar más información que la que sea preciso.
- responder cortésmente a las preguntas que realice el entrevistado, procurando no extenderse demasiado (él es el protagonista).
- centrar con educación y cierto tacto la conversación cuando ésta haya devenido hacia temas que no aportan información cara al objetivo que se pretende.
- prestar atención tanto a su expresión verbal como a la no verbal.
- resumir brevemente, de vez en cuando, lo expuesto hasta ese momento por el entrevistado, reformular.


Fuente: Juan Martínez de Salinas

Opinión

Escucha Activa, lo estuvimos definiendo en clase, como una cualidad o mejor dicho una competencia que debe tener una persona de RRHH. En este artículo se demuestra de forma concisa los pasos que se deben seguir para lograr una buena Escucha Activa. De qué manera se puede comunicar al empleado, y cómo será ese diálogo, teniendo en cuenta , que es un aspecto fundamental, sobre el cual se crea una base de confianza, en primer lugar, y además, es necesario para que el empleado de esta manera (sintiendo ser escuchado) se sienta respetado y a la vez, valorado. Y como decía en el artículo anterior, ratificando mi opinión, es una interesante manera de motivar.

Publicado por: Melina Gutierrez - Alumna RR.HH. - IESERH - 1º Año - Com: B